Contra las patrias, el Viejo Maestro




La nacionalidad del obrero no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, es el trabajo, la esclavitud libre, el automercadeo. Su gobierno no es ni francés, ni inglés, ni alemán, es el capital. Su aire nativo no es ni francés, ni alemán, ni inglés, es el aire de la fábrica. La tierra que le pertenece no es ni francesa, ni inglesa, ni alemana, está a unos cuantos pies bajo el suelo.
Karl Marx: Crítica de «El sistema nacional de economía política» de Friedrich List

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domingo, julio 29, 2012

Tenemos derecho a exigir al Gobierno que explique qué vamos a pagar y quiénes son los culpables


Josep Fontana


Tenemos derecho a exigir que se nos informe, porque está claro que este préstamo de la troika se va a pagar con los recortes en nuestros salarios, con el aumento en nuestros impuestos y con lo que pagaremos de más en cada compra que hagamos…

El discurso en que el señor Rajoy ha anunciado su nuevo plan de recargos y recortes parece la carta de un suicidio anunciado a dos o tres años vista. Porque no puede pretender que le creamos cuando afirma que estas medidas van a conseguir un aumento del empleo, cuando todas están encaminadas a obtener dinero para que el Estado pague sus deudas -no las nuestras, sino las de la banca- a costa de reducir el consumo de los españoles (cuesta poco imaginar la alegría de las próximas compras de Navidad y Reyes, con los precios en aumento y los funcionarios sin paga extra).

Teniendo en cuenta que es opinión unánime de los economistas medianamente sensatos que la reactivación del consumo es una condición necesaria para la recuperación del empleo, está claro que las medidas adoptadas, en viernes y 13, por el Consejo de Ministros conducen al aumento de un paro que resulta ya difícilmente soportable. La coincidencia entre el discurso de Rajoy y la manifestación de los mineros, a poca distancia del Congreso, pone de relieve la naturaleza del problema: porque ni un solo euro del préstamo bancario se dedicará a crear un puesto de trabajo, ni para los mineros, ni para nadie. Estos recursos están destinados solo a sanear la banca. Pero, ¿por qué hemos de sanear la banca?

Estamos viviendo en medio del estupor que produce en el mundo entero el descubrimiento del que tal vez sea el mayor fraude financiero de la historia: la manipulación del líbor (London Inter-bank Offered Rate), el indicador que, en palabras de The Economist, «determina en todo el mundo el tipo de interés que los particulares y las empresas pagan por los préstamos o reciben por sus ahorros», lo que no solo afecta a las transacciones entre bancos, sino a nuestras hipotecas, al precio a que pagamos los plazos del coche o las tarjetas de crédito. Porque no debemos hacernos ilusiones de que este es un asunto exótico, que solo se refiere a Barclays y a Gran Bretaña, sino que afecta a bancos norteamericanos como JPMorgan Chase, alemanes como Deutsche Bank, suizos como UBS, y todos ellos, como Barclays, entran en la formación de «nuestro euríbor».

Lo cual significa que, si se van a saldar las deudas de la banca con nuestros sacrificios, merecemos cuando menos que el Gobierno que nos ha metido en este enjuague explique qué es lo que vamos a pagar: en qué consiste, por ejemplo, esa inmensa cloaca llamada Bankia, de la que solo conocemos aspectos parciales y casi anecdóticos (por ejemplo, los 1.000 millones que Martinsa-Fadesa obtuvo de Caja Madrid, y que han desaparecido misteriosamente; los muchos millones de deudas de un constructor megalómano que se empeñó en comprarse una empresa hidroeléctrica…). Necesitamos saber qué se hizo de este dinero y tenemos el derecho de exigir que se establezca un registro puntual de los responsables de estos atracos: de los que prestaron un dinero que no era suyo, sino de los ahorradores que se lo habían confiado, y de los que lo tomaron y no responden ahora de él.

Tenemos derecho a exigir que se nos informe, porque está claro que este préstamo de la troika se va a pagar con los recortes en nuestros salarios, con el aumento en nuestros impuestos y con lo que pagaremos de más en cada compra que hagamos… Incluso con lo que los jubilados van a tener que aportar por los medicamentos que necesitan, aunque en este caso la señora ministra ya les dijo que para qué querían tantas pastillas, si las hierbas medicinales sirven igual, y son más sanas. Se le olvidó recordarles que nuestros tatarabuelos usaban también oraciones específicas para curar cada mal; tal vez lo reserva para el próximo recorte, cuando ya no tengan ni para acudir al herbolario.
Con motivo del asunto del líbor, Stiglitz ha dicho que «lo primero es meter a unos cuantos banqueros en la cárcel». A mi me parece que en nuestro caso deberían acompañarles también muchos de los que se beneficiaron de unos apaños tal vez más turbios aun. En EEUU se ha generalizado condenar con la cárcel a quienes son incapaces de pagar incluso pequeñas multas, como las de tráfico. La American Civil Liberties Union (ACLU) ha publicado un estudio en el que llega a la conclusión de que «en esta época de disminución de los presupuestos, los gobiernos, tanto de los estados como locales, emplean agresivamente la amenaza y la práctica del encarcelamiento para exprimir ingresos de los más pobres de los acusados que aparecen por sus tribunales». Yo le propongo al señor Rajoy que implante una versión mejorada de este sistema: encarcelar a los que deben más de 100 millones para «exprimirles» a proporción de sus culpas.

Las protestas han comenzado ya, y no cabe duda de que van a seguir, a medida que se vayan dejando sentir los efectos de esta brutal agresión a nuestro nivel de vida. Pero está claro que esto no basta. Me parece que ha llegado el momento de empezar a pedir cuentas.

Josep Fontana,  miembro del Consejo Editorial de SinPermiso, es catedrático emérito de Historia y  dirige el Instituto Universitario de Historia Jaume Vicens i Vives de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Maestro indiscutible de varias generaciones de historiadores y científicos sociales, investigador de prestigio internacional e introductor en el mundo editorial hispánico, entre muchas otras cosas, de la gran tradición historiográfica marxista británica contemporánea, Fontana fue una de las más emblemáticas figuras de la resistencia democrática al franquismo y es un historiador militante e incansablemente comprometido con la causa de la democracia y del socialismo. Su último libro, una soberbia historia polítiica mundial desde el fin de la II Guerra Mundial hasta nuestros días: Por el bien del Imperio (Pasado&Presente, Barcelona, 2011).

jueves, julio 26, 2012

Defensor del Pueblo Andaluz plantea expropiar a los bancos las viviendas de protección oficial que no oferten

SEVILLA, 25 Jul. (EUROPA PRESS) -
  

 El Defensor del Pueblo Andaluz en funciones, José Chamizo, ha presentado este miércoles una serie de medias como respuesta a las necesidades de vivienda con motivo de la crisis para intentar bajar el número de desahucios en Andalucía, entre las que se contempla su petición a la Consejería de Fomento y Vivienda de que las entidades bancarias hagan un inventario de sus viviendas de protección oficial, y "se comprometan a ofertarlas en venta o alquiler".
  
Y Si este inventario no se hace en unos plazos adecuados, que la Administración proceda a la expropiación de las mismas, porque las VPO "no pueden ser propiedad de los bancos, puesto que en dichas viviendas hay dinero que ha puesto la sociedad española".
 
Así, en rueda de prensa en la sede de la Defensoría, en la que ha lamentado que esta misma mañana se haya realizado un desahucio en el municipio malagueño de Cártama, donde se está dando una intervención "bastante brutal" de la Guardia Civil, un fenómeno al que "lamentablemente nos estamos acostumbrando", ha anunciado que se ha solicitado a Fomento y Vivienda que con todas las entidades bancarias de Andalucía se promueva la opción del Real Decreto 6/2012 del 9 de marzo, de medidas urgentes de protección de deudores hipotecarios sin recursos, en cuyo artículo 3 "se le pide a los bancos ofertas de viviendas de protección oficial (VPO) como alquileres sociales a personas en el umbral de exclusión", aunque, matiz, "también pedimos que se aplique a aquellos que se encuentran en una situación de precariedad económica".
 
Chamizo ha recordado que en el caso de las VPO "la legislación ordena que las personas tienen que residir en ellas", y si el titular no es una persona física, sino otro tipo de persona jurídica, "están obligados a destinarlas al alquiler", porque "no pueden estar vacías y cerradas".
   Por tanto, la Defensoría solicita que "en una plazo vinculante y concreto, los bancos realicen un inventario completo de todas sus viviendas de protección oficial, y se comprometan a ofertarlas en venta o alquiler a través de las webs de las entidades, o incluso mediante las webs de la comunidades autónomas o los ayuntamientos".
 
En dicha información, continúa, "pedimos también que se hable de dónde están, en qué condiciones, o de los precios de las mismas". Además, aclara que las personas que quieran adquirirlas "deberán cumplir unos requisitos concretos", y también "pedimos que cuando esas persona puedan hacer frente a esas viviendas, se les facilite el préstamo", pero, matiza, los bancos "tienen la obligación de poner precios adecuados".
   "En el caso de que los bancos no cumplan, previa aprobación de la normativa del artículo 33 de la Constitución, vemos posibilidad a la expropiación, por incumplimiento de la acción social de la propiedad", continúa el Defensor, toda que apunta que "entendemos que se trata de un camino irreversible, y que por ello la Administración tiene que contemplar la expropiación, porque las VPO no pueden ser propiedad de los bancos, puesto que en dichas viviendas hay dinero que ha puesto la sociedad española".
   "No tememos que en Andalucía hay miles de viviendas de protección oficial cerradas, por eso pedimos un inventario rápido a los bancos, y si no se hace, la Administración puede expropiar, porque la vivienda tiene que cumplir su función social". "No se puede dejar este asunto a la buena voluntad sino que haya que legislar con más potencia, por eso hay que ir a la expropiación si no se cumplen los plazos", insiste Chamizo.
  
Asimismo, Chamizo ha informado de que se ha remitido una queja de oficio e información a la Federación Andaluz de Municipios y Provincia para "que en pueblos y capitales de provincia de más de 50.000 habitantes se dé una intermediario para facilitar el entendimiento con los bancos por viviendas que puedan entrar en desahucio", una medida, afirma, que "se puede realizar sin grandes costos".
 
Igualmente, ha informado de que a diario llegan al Defensor entre dos y cuatro quejas por este motivo, "pero éstas se ponen cuando llega el desahucio judicial, y ya no podemos intervenir". "Por ello, pedimos a la gente que en cuanto tenga la primera notificación, lo diga, para lo cual, a través de una queja, hemos pedido a los Colegios de Abogados la organización de un servicio de asistencia legal que atienda los asuntos que les deriven recursos sociales que conocen estos casos.

Todos contra Merkel



Queda la palabra.
Juan Francisco Martín Seco.




“Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas guardé silencio, porque yo no era comunista; cuando encarcelaron a los socialdemócratas, me callé, porque yo no era socialdemócrata; cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no me rebelé, porque yo no era sindicalista; cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío; cuando vinieron a buscarme, ya no había nadie más que pudiera sublevarse”.

Estas palabras de Martin Niemöller, falsamente atribuidas a Bertolt Brecht, pueden ser un resumen fiel de lo que está ocurriendo hoy en Europa. Portugal e Irlanda no quieren que se les compare con Grecia, España intenta marcar diferencias con los tres países anteriores, Italia, a su vez, pretenderse distanciarse de España, y Francia, por lo menos hasta ahora, por miedo a que se la pudiera englobar entre los PIGS ha aceptado el papel de comparsa de Alemania. En general, todos los Estados han aspirado a ser los alumnos aplicados de ese sistema dictatorial impuesto por Merkel que ha dañado gravemente la economía y el bienestar de todos los países europeos y que solo está beneficiando a Alemania.

Las reglas de juego estaban trucadas desde Maastricht y los gobiernos, en un proceso totalmente asimétrico, han cedido soberanía sin reparar a quién, para quedar, al final, impotentes y en manos de los mercados, de Alemania y de instituciones europeas antidemocráticas que, como en el caso del Banco Central Europeo, no se sabe muy bien a quién sirven (quizá a Golden Sachs). Es significativo el grito de desánimo del Gobierno de Rajoy. El PP, en un exceso de ingenuidad dogmática, tal vez pensara que resolvería la crisis en cuanto llegase al gobierno o que sinceramente creyese que la solución se encontraba en los recortes y en las reformas, por eso ahora se siente defraudado. España, entre las medidas acometidas por el PSOE y las instrumentadas por el PP, ha seguido fiel y obedientemente las directrices de Merkel y del BCE, pero cuanto más avanza por ese camino peor es la situación en la que se encuentra.

Los líderes europeos, incluyendo a los de los Estados del sur, se han apresurado a marcar distancias con el país heleno (yo no soy griego) y a considerarlo un apestado. Incluso el lenguaje así lo indica al hablar de contagio. Pero lo cierto es que por el momento Grecia está haciendo de rompeolas y los gobiernos harían bien en preguntarse quién ocupará su lugar si finalmente los griegos se ven obligados a abandonar el euro, lo que parece altamente probable en el caso de que Europa no cambie de estrategia.
Alemania con la complicidad -al menos con el silencio- del resto de los países europeos ha arrastrado a Grecia a un punto sin salida. Es evidente que el coste de abandonar ahora el euro puede ser muy alto, pero ¿cuál es la alternativa? El camino que le trazan la Unión Monetaria y Alemania conduce al precipicio. Es posible que Grecia y sus gobiernos hayan podido cometer errores, que los condujeron a un endeudamiento excesivo, pero en cualquier caso este solo ha sido posible precisamente por pertenecer a la Unión Monetaria y de tales desequilibrios son tan culpables los países deudores como los acreedores.

El planteamiento es tanto o más claro en el caso de España o de Irlanda. Ambos fueron ejemplo de estabilidad presupuestaria y de aplicación de los dogmas neoliberales, sin que la ortodoxia les haya servido para nada y ahora se encuentran en una situación crítica. Su pecado, al igual que el de otros muchos, es haber entrado en una Unión Monetaria mal concebida. Sus bancos se endeudaban en exceso al tiempo que se generaba una fuerte burbuja inmobiliaria. Pero en una economía de mercado donde se ha renunciado a casi todos los mecanismos de control, con libre circulación de capitales, sin política monetaria propia, con un banco central que no actúa como tal ¿de qué manera evitar que el capital extranjero infle la economía como un globo y que la abandone más tarde creando una brutal crisis de financiación?

La única estrategia que les queda a los mandatarios europeos si quieren paliar la situación crítica en la que se encuentra la Eurozona es la unión de todos los países, desde Grecia hasta Francia, frente a Merkel. No existe ninguna razón para que Alemania mantenga el papel hegemónico que ostenta en la actualidad. Su aportación es idéntica en términos proporcionales a la de cualquier otro país, y además es la máxima beneficiaria de la Unión Monetaria. Resulta intolerable que el Banco Central Europeo se mueva exclusivamente a sus dictados y conveniencias. Ante el atropello al que se está sometiendo a Grecia, el mayor error que pueden cometer los gobiernos europeos es guardar silencio como si no fuese con ellos.

Quizá el país que sobre en la Eurozona no sea Grecia sino Alemania. Sin Alemania tal vez todo iría mejor. El Banco Central Europeo podría actuar como un verdadero banco central respaldando a los países y a las entidades financieras; el euro se devaluaría frente al marco, dólar, yen, yuan y otras monedas, con lo que los países recuperarían la competitividad perdida; se incrementarían las exportaciones y se reducirían las importaciones, y las brechas en la balanza de pagos de algunos países se reducirían, incluso desaparecerían; los tipos de interés serían mayores (puede que no mayores que los que se están pagando ahora), pero no los tipos reales que, al compensarse con mayores tasas de inflación y con la evolución de los tipos de cambio, harían que la deuda exterior nominada en euros se devaluara al mismo ritmo de la moneda, la economía se reactivaría e incluso los déficits públicos a medio plazo serían más reducidos. El lastre es Alemania y no Grecia.

miércoles, julio 25, 2012

Radicalismo de garrafón.



Jose María Delgado Gallego.

Actuando como reciclador de palabros, mas que propietario de ellas, a la manera como Juan Goytisolo se apropia del término "prístino" o Javier Marías se encaprichó de "superferolítico", uno descubre a peña que como el burgués de Moliére es posmoderno sin saberlo, así cree a pié juntillas en todo lo que "le suena" o resuena, sin necesidad de mayores argumentos y de tal modo va juntando un corpus de influencias políticas  tan erradas como contradictorias entre sí, pero que puede llegar a “sentir” como auténticas y válidas.

Así pues al internacionalismo mas o menos marxista se le puede superponer un soberanismo irredentista de nación sin estado y al Socialismo meta y razón de la ordalía marxiana,  le cuadra un antiimperialismo con origen mas o menos en Samir Amin y en el "antiimperialismo " tercermundista que acaba por borrar toda huella de aquél pero que nos hace simpatizar obligadamente con Chávez y Ahmadineyah y con el sátrapa sirio a menos que nos arriesguemos a “hacerle el juego al imperialismo”.

Pero la moda es incostante y la derecha busca su oportunidad entre el abrumador rechazo de la ciudadanía a los recortes y al desmantelamiento de las conquistas sociales, y puede observarse no sin preocupación el discurso antipolítico supuestamente “indignado”  que estamos oyendo en estos últimos tiempos. 

Es cierto que los políticos se han ganado a pulso la desconfianza, cuando no el rechazo abierto de la ciudadanía, que los ven cada vez más lejos de los problemas reales de la gentes, disfrutando de inmerecidos salarios, dietas y gabelas insultantes para la magra y recortadas economías proletarias, pero buena parte de este discurso seudo radical tiene un ribete neofascista y autoritario muy peligroso, demás que en su falta de alternativas a tales salarios y tales abusos, por esa oquedad, es el Espadón, el Salvapatria el que se invoca sin siquiera mencionarlo.

Es muy cierto, como escribe Concha Caballero  que desde la ultraderecha y desde la ultraizquierda se difunden constantemente mensajes antipolíticos y antisindicales, esa manera de no mirar mas allá de la naríz, esa tendencia a no distinguir, a apuntar a bulto, a traducir relaciones sociales complejas o cuando menos no siempre evidentes, a percepciones individuales maniqueas y reduccionistas, por este camino parecen unirse "libertarianismo" o anarquismo de derechas en plan Aguirre con acratismo descerebrado de gente cuya relacion con la realidad les llega mediatizada por un ordenador, friquis cuya ignorancia corre pareja con su ausencia de sentido de la responsabilidad.

Ese discurso “de garrafón” ha hecho de los políticos una clase o casta, como de los sindicalistas, y se niega a descender y considerar el papel subalterno y vicario que respecto del orden neoliberal de la Unión Europea y de la especulación inmobiliaria han hecho tanto PSOE como PP estando en el gobierno o en la oposición. Considerar esto desactivaría sin más esa inquietante ambivalencia que apenas se oculta tras ese discurso antipolítico, ese reduccionismo culpable que no ve ni en el Sistema Capitalista, ni en los ricos y poderosos, ni en los bancos y mecanismos mas o menos sofisticados de especulación financiera, ni en la Iglesia, ni en los inadmisibles gastos militares, ni en el imperialismo económico alemán y yanqui los verdaderos culpables mientras que generaliza culpabilizando a quienes solo serían individualmente culpables – de serlo - de corrupción y colectivamente de trabajar según la lógica y límites de lo permitido por el mercado, según el guión del Plan de Estabilidad Presupuestaria de la UE, como en América Latina lo fueron de su versión original que llamaron “Consenso de Washington”.

Urge librarnos de ese discurso pseudoácrata tan caro a Aguirre, al PP – mírese la reducción del número de concejales a 30.000 en todo el estado, la demagogia sobre sus sueldos cuándo mas de la mitad no perciben peculio alguno – a las teorías económicas de la “escuela austriaca” (Von Mises, Hayek) a los think tank libertarianos como la fundación Heritage, el Cato Institute, la FAES peperiana, de donde emana la iniciativas ultraliberales que estamos sufriendo y que en su común enemistad con el Socialismo marxista, su desprecio por la democracia y su aliento a la explotación bárbara de los trabajadores, resulte comprensible que por sus efectos muchos consideren al neoliberalismo y al fascismo poco menos que idénticos. La biografia de Aznar o de Rajoy o de tantos peperianos daría razón a comparaciones de esa índole.

lunes, julio 23, 2012

¿Mercados versus votantes?


 Wolfgang Streeck

New Left Review, nº 71





Durante los tres años transcurridos desde 2008, el conflicto distributivo bajo el capitalismo democrático se ha convertido en un complicado tira-yafloja entre inversores financieros globales y Estados-nación soberanos.
Mientras que en el pasado los trabajadores luchaban contra los patronos, los contribuyentes contra los ministros de Hacienda y los deudores privados contra los bancos privados, ahora son las instituciones financieras las que se enfrentan a los propios Estados a los que han chantajeado muy recientemente para que las salvaran. Pero la configuración subyacente de poder e intereses es mucho más compleja y todavía espera una exploración sistemática. Desde la crisis, por ejemplo, los mercados financieros han
vuelto a exigir a los distintos Estados tipos de interés muy variados, diferenciando así la presión que aplican sobre los gobiernos para hacer que sus ciudadanos accedan a recortes de gastos sin precedentes, por más que sigan, una vez más, una lógica distributiva de mercado básicamente inalterada.
Dada la cantidad de deuda que arrastran la mayoría de los Estados hoy día, hasta el menor aumento del tipo de interés sobre los títulos de la deuda puede provocar un desastre presupuestario


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domingo, julio 22, 2012

Hemos vivido un sueño

Hoy, en el vertiginoso salto atrás a la pobreza, paro y ladronería bancaria, cuando los españoles vuelven a emigrar, dependemos enteramente de la Dama de Acero alemana

 

Hace poco mas de un decenio, el llamado milagro español nos exaltaba y provocaba la admiración del mundo entero. Nuestro presidente del Gobierno, el héroe de la reconquista del islote de Perejil y miembro del famoso trío de las Azores que emprendió la noble y fructuosa (¡cifras cantan!) cruzada de liberación de Irak y la neutralización de sus armas mortíferas, aseguraba a quien quisiera oírle que España se había zafado de la funesta influencia francesa y había recuperado la grandeza perdida desde la época del emperador Carlos V. Los hechos o, por mejor decir, la información de los hechos, le daban la razón. España era la octava potencia mundial en términos económicos, los mercados alentaban nuestro imparable crecimiento y la marca España no era solo, como hoy, la de Nadal, el Real y el Barça, sino la de todo un país que caminaba con paso firme y resuelto por la recta vía del progreso y de la prosperidad.

Eran los tiempos del ladrillo y del crédito fácil, de la feliz llegada del euro, de la culminación gloriosa de una transición democrática que servía de modelo urbi et orbi, de proyectos y obras faraónicas y de dinero derramado a espuertas.

Pero los milagros —con excepción de los científicamente demostrables por cámaras ultrasensibles en Lourdes y Fátima, según su Santidad Benedicto— no existen y en 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, inesperada para los accionistas crédulos, pero no para sus directores ni para las hoy célebres agencias de notación, aquellos apresuraron a privatizar los beneficios de la venta de sus activos tóxicos en favor de los responsables de la bancarrota y a “socializar” las ingentes pérdidas a costa de los estafados. Después de una sarta de noticias funestas a los largo de 2009 y 2010, abrimos finalmente los ojos y, como dicen en Cuba, “caímos del altarito”. El sueño se había desvanecido y el despertar fue amargo.
Lo de un país rico pero pueblo pobre es una constante de nuestra historia. En la época imperial evocada por José María Aznar, el oro de las Indias recalaba en España. No obstante, lo que no era invertido en la construcción de palacios e iglesias y en gastos suntuarios pasaba directamente a manos de los negociantes y banqueros de Génova y Ámsterdam. A diferencia del pragmatismo luterano, calvinista o anglicano forjador del moderno capitalismo según señaló Werner Sombart, el catolicismo hispano acumulaba sin medida fincas rústicas y heredades inmobiliarias y rechazaba por razones de hidalguía el comercio y la fabricación de bienes útiles. España, pese a los esfuerzos de los ilustrados y regeneracionistas y las actividades productivas de los llamados indianos, se descolgó del progreso europeo y quedó rezagada en su furgón de cola. A fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta del pasado siglo, la conjunción de la salida masiva de emigrantes a una Europa a la que política y económicamente aun no pertenecíamos, con la entrada igualmente masiva de turistas procedentes del todo el Viejo Continente, y la llegada al Gobierno de los ministros tecnócratas del Opus Dei, cambiaron las cosas. Estos últimos fueron nuestros calvinistas: desculpabilizaron al catolicismo de sus siempre ambiguas relaciones con el sistema de producción y espíritu de empresa del capitalismo, y asumieron el lema de “por el dinero hacia Dios”. Como previmos algunos en fecha tan temprana como 1964, el régimen franquista se desplomaría a la muerte del Caudillo no por la acción de una izquierda aferrada al recuerdo de su lucha heroica durante la Guerra civil, sino por la transformación de una sociedad que nada tenía que ver con la que se había alzado a poder por la fuerza de las armas 25 antes.

Estamos al cabo de un ciclo histórico y una crisis de civilización. Habrá que exigir responsabilidades

Los logros de la transición que acabó con el ciclo de revoluciones, guerras civiles y dictaduras de espadones están a la vista de todos y recibieron el aplauso unánime de una Unión Europea que no tardaría en acogernos con los brazos abiertos y favorecernos con sus fondos de ayuda para el desarrollo. Pero sus limitaciones no tardarían en manifestarse mientras los sueños de grandeza se nos subían a la cabeza. Hubo una transición política de “borrón y cuento nuevo”, pero no educativa ni cultural. Los hábitos mentales creados por la rutina y el temor a las ideas frescas pero desestabilizadoras de las verdades consagradas se perpetuaron. Los sucesivos gobiernos de las tres últimas décadas no tuvieron unos la voluntad y otros el valor de denunciar el Concordato, de abolir las exorbitantes partidas presupuestarias y privilegios fiscales eclesiásticos y de crear un Estado verdaderamente laico, liberándose así de las recurrentes presiones y chantajes de una jerarquía ideológicamente retrógrada. Convertidos ya en nuevos ricos, nuevos libres y nuevos europeos, nuestra clase política, surgida al socaire de la bonanza económica y de un optimismo sin mácula, fundó sus criterios de la gestión pública en el clientelismo con el aplauso de unos ciudadanos que, confortados por el acceso a un crédito fácil, asumieron que este era un pozo sin fondo. El paso de una pobreza real a una riqueza ficticia no se produjo gradualmente sino con una brusquedad que no permitió la creación de una cultura amortiguadora de tan vertiginosa mutación. De ser un país de emigrantes en busca del pan que no ganaban en casa nos convertimos en otro que acogía a millones de fugitivos de la pobreza oriundos de Iberoamérica, Magreb y África subsahariana.


El ejemplo más extremo pero sintomático de lo que ocurría en nuestras “enladrilladas” costas mediterráneas, lo hallé en El Ejido. El país misérrimo que visité hace poco más de medio siglo saltó de un brinco a ser uno de los municipios más ricos de Europa. En medio del mar refulgente del plástico de los invernaderos bajo el que se apiñaban en condiciones indignas millares de magrebíes y subsaharianos, la ciudad improvisada sin planificación alguna albergaba según un informe del Foro Cívico Europeo que cito de memoria, una cuarentena de agencias bancarias, ciento y pico prostíbulos y una librería a todas luces superflua a ojos de una comunidad para la que la educación era algo inútil de cara al logro y al manejo del dinero. ¿Quién iba a decir en 1997 que esta sociedad derrochadora y caciquil, fruto de la megalomanía de especuladores de toda laya a cargo de las Autonomías y Diputaciones —verdaderos reinos de Taifa— iba a convertirse de pronto en el nuevo “hombre enfermo de Europa”, como lo fue hace un siglo el imperio otomano?



Los ciudadanos no distinguen ya entre el partido que originó la ruina y el que la tapó
Al despilfarro y delirio de grandeza de la época de Aznar —el de la boda principesca en El Escorial, con un yernísimo que a diferencia del esposo de la infanta Cristina ha dejado misteriosamente de ser noticia— sucedió para alivio de muchos la llegada al poder de un joven y prometedor José Luis Rodríguez Zapatero. ¿Sabía este en marzo 2004 la envenenada herencia que recibía en manos? Quienes creíamos que no, dado su tenaz optimismo y negación obstinada de la crisis que se nos venía encima después de la quiebra fatídica de Lehman Brothers, nos equivocamos de medio a medio. Un reciente artículo de Francesc de Carreras (La razón moral del indignado, La Vanguardia, 29-5-2012) me puso sobre la pista del libro de Mariano Guindal, El declive de los dioses, cuya lectura aconsejo vivamente, en la que su autor entrevista a quien pronto sería ministro de Industria de Zapatero en vísperas de las elecciones de 2004, y en la que Miguel Sebastián declara: “Menos mal que no vamos a ganar porque la que viene sobre España es gorda […]Tenemos una burbuja inmobiliaria y es inevitable que estalle y cuando esto ocurra se lo va a llevar todo por delante incluyendo los bancos”. Si, como admite el entrevistado, Zapatero y su equipo no estaban preparados para empuñar el timón en la tempestad que se avecinaba, cabía esperar al menos que dieran a conocer la “tremenda” situación que heredaban. La culpa no era suya, y lo razonable hubiera sido coger el toro por los cuernos y afrontar con urgencia la previsible catástrofe.
Por desgracia no lo hicieron y al desmadre especulativo y saqueo del erario público sucedió su incomprensible ocultación. Todo iba bien, seguíamos en el mejor de los mundos, hasta el momento (abril 2011) en el que ya resultó imposible negar la vorágine en la que nos anegábamos y, con dicho reconocimiento tardío, Zapatero cavó su propia tumba.
Hoy, en el vertiginoso salto atrás a la pobreza, paro y ladronería bancaria, cuando los españoles vuelven a emigrar a Inglaterra, Norteamérica, Suiza o Alemania y másters en mano se ven obligados a asirse al empleo que sea en medio del naufragio; cuando liberados de la influencia francesa (¡ah, el sublime Aznar!) dependemos enteramente de la Dama de acero alemana y de las voraces agencias de notación; cuando los mineros de Asturias en huelga marchan a pie hasta Madrid y sacuden con sus justas reclamaciones los fundamentos éticos de un Estado presuntamente democrático, ¿que hacen Rajoy y su flamante Gobierno? Negar ya no la crisis sino el rescate hasta el último momento y presentar luego la capitulación como una victoria; aclarar que “donde digo digo, digo Diego”; sostener que si accedió a agarrarse al salvavidas fue cediendo a las súplicas de quienes se lo arrojaban; imponer los recortes brutales a la educación y asistencia sanitaria y dejar impunes a los causantes de la ruina y a quienes se aprovecharon desvergonzadamente de ella.

El rechazo casi general a la clase política e instituciones estatales, incluido el Poder judicial encarnado por el Dívar de los fines de semana marbellenses —por cierto, ¿por qué y por quién fue nombrado a tan alto cargo en tiempos de Zapatero?— traduce la perplejidad de unos ciudadanos que, desbordados por la magnitud de los problemas que les acucian, no distinguen ya entre los dos partidos políticos, el que originó la ruina y el que la tapó y, a falta de expresar su cólera a gritos, se refugian en la fatalista resignación. Estamos al cabo de un ciclo histórico y una crisis de civilización, y habrá que exigir responsabilidades como claman los indignados. Como se pregunta Josep Ramoneda en un reciente artículo en estas mismas páginas (Poco pan y peor circo, EL PAÍS, 14-6-12), “¿hasta cuando aguantarán los ciudadanos que nadie defienda sus intereses?”

Juan Goytisolo es escritor.

sábado, julio 21, 2012

Los documentos que el Gobierno español ha ocultado al Congreso y a los españoles

ELPLURAL.COM les ofrece en castellano los informes de la Unión Europea y del Gobierno holandés que regulan la intervención bancaria
Los documentos que el Gobierno español ha ocultado al Congreso y a los españoles
El jueves en el Parlamento alemán y la mañana de este viernes, en el finlandés, se ha debatido sobre el rescate español. Y para ello se ha utilizado la documentación que prepararon los organismos de la Unión Europea. Los parlamentarios de estos países, los gobiernos y los altos cargos de los países del euro, han conocido en este sentido los documentos de recomendaciones que han llevado a aprobar la ayuda a nuestra banca. Documentos y argumentaciones que el Gobierno de Mariano Rajoy ha ocultado al Congreso español, y a los españoles en general.
Estos documentos básicos, cuyo contenido y recomendaciones se han aprobado esta mañana por parte del Eurogrupo, son el llamado  Memorando de Entendimiento (memorando de las 32 condiciones), y el previo Condiciones del Fondo de estabilidad financiera. Igualmente hemos tenido acceso al documento del presidente del Consejo Europeo, donde se dan ya no pautas, sino órdenes, sobre cómo debe actuar el Gobierno español. A ellos también se puede añadir algunos informes realizados por los gobiernos de la zona euro. En ELPLURAL.COM  podemos ofrecerles el Informe del Gobierno holandés sobre el rescate de la banca española.
Todos estos documentos, en especial el Memorandum de Entendimiento, dejan claros los 32 pasos que el Gobierno español y la banca deben cumplir paso a paso a partir de que se produce el rescate bancario.  Algunos gobiernos, como el holandés, los hicieron públicos, pero el Ejecutivo de Mariano Rajoy se negó a dárselo al resto de fuerzas políticas españolas. Y, mucho más, claro, a hacerlo accesible a los ciudadanos.
El líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, reprochó esta situación el pasado jueves en el Congreso, donde acusó al Gobierno de  opacidad del Gobierno y de escaso talante democrático.

jueves, julio 19, 2012

El gobierno de la Junta y los recortes del PP: el timo de la estampita y la falacia del gobierno “muralla”


Jesús Rodríguez, 
Tere Rodríguez-Rubio


Ayer el gobierno de la Junta de Andalucía daba una rueda de prensa en el que afirmaba que daba marcha atrás en sus recortes anunciados para no cargar sobre las espaldas de los empleados públicos un doble recorte: el de la Junta y el anunciado por el gobierno central.

No queremos extendernos aquí sobre las trayectorias de PSOE e IU en los últimos tiempos. En el caso del PSOE, resguardarse bajo el paraguas de los ajustes impuestos por Madrid y de la amenaza de la intervención, carece de credibilidad cuando las políticas de ZP abrieron el camino y legitimaron las políticas de recortes del PP. Más aún cuando la reforma constitucional exprés, efectuada el verano pasado por el gobierno del PSOE de acuerdo con el PP, supone la base legal e ideológica de las actuales políticas de ajuste y encorsetaban políticas alternativas desde las autonomías. Cuando el PSOE e IU hicieron la campaña a las elecciones andaluzas sabían cuál era el contexto y aún así prometieron no recortar. Sabrán ellos cuánto valen sus palabras. Pero quien no tiene una estrategia de desobediencia y deslegitimación clara de los marcos institucionales está llamado a asumir las lógicas de ajustes.


En el caso de IU llevar el capital acumulado en dos años de movilización contra los recortes a un gobierno con un PSOE, que no ha hecho ningún balance crítico de esa etapa, no ha podido hacer más daño y generar más confusión entre la gente que tiene que movilizarse. El contexto ya era conocido pero también es usado como excusa y en lugar de favorecer la deslegitimación de las instituciones, por ejemplo retando al PP a intervenir Andalucía, cuando la gente ve que no sirven a la clase trabajadora, vienen a reforzarlas. En su referéndum interno excluyeron las posibilidades expuestas por otros sectores que no eran la dirección del PCE (con su secretario general a la cabeza), verdadero artífice del acuerdo con el PSOE, y ahora intentan cubrirse el flanco izquierdo intentando atacar a la izquierda que todavía no ha sucumbido, tildándola de izquierdista e inmadura.


Pues bien, ayer se daba una rueda de prensa que no podemos más que denunciar en su fondo y en su contenido. La supresión de la paga extraordinaria de Navidad a los empleados públicos supone el 7,14% del sueldo anual de los empleados. El gobierno de la Junta iba a recortar el 5% de los sueldos de dichos empleados. No nos queremos extender aquí en el error enorme que supone criminalizar los salarios en este país, en hacerlos corresponsables de la génesis del problema de la deuda y por tanto de las salidas. Ya lo hemos hecho en otras ocasiones, señalando alternativas y describiendo cómo se ha ido engordando la deuda pública para socializar las pérdidas privadas del sector bancario, entre otros.


El hecho es que el gobierno PSOE-IU tiene la caradura de decir que no quiere dañar más a los trabajadores y por eso echa marchar atrás a su plan de reducir el 5% de su sueldo, pero aplicará la reducción del 7,14% que supone la supresión de la paga extraordinaria. Es decir, que va a ahorrarse más dinero, nos va a reducir más los salarios y encima querrán aparecer como un gobierno muralla frente al PP. Eso sin tener en cuenta que se mantienen los recortes de horas para el personal interino, la pérdida de empleos de muchos de ellos, la eliminación de las ayudas sociales y los recortes anunciados por la Junta íntegramente para 2013. No hacen falta muchas valoraciones del hecho de que los centros de salud en Andalucía permanezcan cerrados por la tarde en verano o de que la Junta lleve años privatizando y precarizando el empleo en los llamados servicios "complementarios" de la administración pública.


El jueves 19 nos veremos las caras con muchos dirigentes de IU y PSOE encabezando manifestaciones contra los recortes del gobierno central. No le pedimos ya que asuman un programa anticapitalista para salir de la crisis sin que la pague la clase trabajadora. Es mucho pedir. Lo que le pedimos es, simplemente, un poco de vergüenza. Que no nos tomen el pelo. Necesitamos converger con la base social y militante de estos partidos, hastiada de tanto despropósito. Pero en absoluto con sus dirigentes ni con los militantes que defienden a capa y espada este gobierno, incluso desmovilizando, oponiéndose a quienes decimos que tenemos que rechazar el ajuste sobre la clase trabajadora, lo realice quien lo realice. Porque ahí hemos estado siempre.


Jesús Rodríguez, profesor de economía,

Tere Rodríguez-Rubio. profesora de Lengua Castellana y Literatura

sábado, julio 14, 2012

Salir del euro, la mejor opción


Pedro Montes:
9 JULIO, 2012
Miguel Riera.
Director de “El Viejo Topo” *.


Empiezan a oírse voces entre los economistas que plantean, como única salida realista –y dolorosa– a la crisis, el abandono de la moneda única. Pedro Montes fue de los primeros, sino el primero, en advertir de las graves consecuencias que arrostraría España tras la adopción del euro y la forma exclusivamente mercantil con que se estaba construyendo la Unión Europea y a la vista está que Europa constituye el nudo de la cuestión de la compleja crisis española. La entrevista tiene un carácter polémico indiscutible, pero también muy necesario.

Hace años, en una entrevista publicada en esta revista aseguraste que España se encaminaba o bien al caos, o bien a la catástrofe. Utilizabas también en un artículo por aquellas fechas la expresión “callejón sin salida”. Me pregunto qué piensas ahora al respecto. ¿Caos, catástrofe, callejón sin salida?



No hace tantos años, Miguel, era marzo de 2010, lo que sucede es que la crisis económica es voraz y va muy deprisa. Traté de decir en aquella ocasión que, teniendo en cuenta la evolución de la economía española tras la creación del euro, cuando ya se había incurrido en un déficit enorme de lo que se llama la balanza de pagos por cuenta corriente y, por tanto, se había acumulado una deuda exterior insostenible, el país se enfrentaba a un dilema: o se mantenía en el euro y se encaminaba al desastre o asumía el paso convulsivo de desligarse de la moneda única. Caos y catástrofe, o catástrofe y caos. Decir entonces que el país se encontraba en un callejón sin salida era una forma de resaltar la angustiosa situación, bien entendido que las sociedades siempre encuentran una salida, por dramáticas que a veces sean las soluciones. El dilema sigue vigente, pero la perentoriedad es más aguda y también todo se ha clarificado. En mayo de 2010, como todo el mundo sabe, Zapatero dio un giro radical a su política, con recortes y ajustes, una reforma laboral y la deleznable reforma de las pensiones, que contó, no debe olvidarse, con el respaldo de las direcciones de CCOO y UGT.


Posteriormente, y en apenas pocos meses, burlándose de los ciudadanos, el gobierno del PP ha emprendido un conjunto de reformas que, aparte de acentuar la política del PSOE, son de una agresividad, y se podría decir crueldad, que han dinamitando el pacto social surgido de la transición tras la muerte del dictador. Ha sobrevenido un desastre económico, social y ya también político, de modo que la disyuntiva en estos momentos es si continuamos directos por el camino al infierno, Grecia ya está en él, o recuperamos una moneda propia y un banco central propio para afrontar la crisis. La UE nos ha trazado una siniestra ruta que de aceptarla implicaría una especie de suicidio colectivo.


Vayamos por partes. Parece evidente que las fuerzas políticas mayoritarias (por no decir todas, porque todavía no se oye a ninguna de ellas exigir la salida del euro) están por tragar lo que haya que tragar para mantenerse en la moneda única. Si finalmente se decide seguir en la eurozona, ¿qué porvenir le queda reservado a los españoles? ¿Cuántos años de sufrimiento nos esperan?


En efecto, hay muchos datos, declaraciones y hechos–no olvidemos la nocturna e infame reforma de la Constitución– que dejan sentado que tanto el PP como el PSOE consideran el euro como irreversible, lo cual constituye el fundamento de la estrategia política que siguen. Es el acuerdo básico que comparten entre ellos, al cual se suman sin restricción alguna –fuera de las maniobras políticas ante tal o cual asunto– CiU y el PNV. A partir de ahí entramos en un gran problema político: la posición de la izquierda ante el dilema de la crisis. Y digo de la izquierda incorporando a ella a los sindicatos mayoritarios.


Nuestro país no puede sobrevivir en el euro, y, con independencia de lo que quiera el centro derecha y piense mayoritariamente la izquierda y muchos de sus dirigentes, la desvinculación con la moneda única es inexorable

No se enteraron de lo que implicaba, económica y socialmente, la moneda única, y siguen sin querer saber las consecuencias que tendrá. Viven pensando que la crisis actual es un accidente que tendrá pronto remedio, que el pasado volverá y que todo lo que es necesario es ponerle un ápice de política social a la estricta política económica necesaria para remontar la situación. Se alaba la austeridad y se reconoce que es inevitable disminuir el déficit público, como si eso fuera la cuestión fundamental. Izquierda Unida, que tuvo el honor de oponerse a Maastricht con un debate muy rompedor en su seno, defiende ahora una salida progresista a la crisis, pero se queda sin respuesta, como pasó en el debate de investidura, cuando Rajoy contestó que muy bien, pero que los inversores extranjeros no nos prestaban dinero si no se acometían ajustes y recortes. Si la salida progresista de la crisis, que también desean los sindicatos, fuera posible y sencilla de practicar, ¿alguien piensa que no la hubiera aplicado el PSOE, e incluso el PP, aunque en este caso hay que introducir otras consideraciones políticas? Las perspectivas, desde mi punto de vista, son muy negras, al punto de que he llegado escribir un artículo afirmando que la crisis todavía no ha empezado.

Pues vaya…


Estamos, no en el borde, sino cayendo por un precipicio cuya profundidad no se conoce. No es posible hacer pronósticos sobre el tiempo, así que todos los anuncios de brotes verdes son mentira. Ahora bien, tengo la convicción de que nuestro país no puede sobrevivir en el euro, y que, con independencia de lo que quiera el centro derecha y piense mayoritariamente la izquierda y muchos de sus dirigentes, la desvinculación con la moneda única es inexorable. Cuándo y cómo se producirá, no lo sé. Ya he dejado de discutir si la alternativa mejor de la izquierda es procurarse una Europa que corrija los principales defectos y carencias de Maastricht. La unidad construida no es reformable y las consecuencias que ha comportado no son superables. El tiempo, pronto creo, dirimirá la cuestión.


Tratemos de verlo desde el punto de vista de los que quieren seguir en el euro. Imaginemos que fuera posible, ¿cuál sería el coste? Al final, las deudas hay que pagarlas… ¿a cuánto nos tocaría por cabeza?


El núcleo del problema es el endeudamiento de todos los agentes económicos, o su alto “apalancamiento”, como también se dice. Las familias deben mucho en relación con su renta disponible. Las empresas tienen una relación muy desequilibrada entre su capital propio y ajeno. La banca tiene muchas deudas contraídas y sus activos, muy ligados a la vivienda, suelo y promotores están sobrevalorados, son muy ilíquidos, tienen poca rentabilidad y sus plazos de amortización están desajustados con el calendario de sus pasivos. Las instituciones públicas no tienen ingresos suficientes para cubrir sus gastos y los compromisos de las deudas que tienen contraídas. Y el país en su conjunto, resultado de los grandes déficits de la balanza de pagos y una actividad financiera global disparatada, tiene unos pasivos frente al exterior que superan los 2,3 billones de euros, esto es, casi 2,3 veces el PIB.

¿Y cómo hemos llegado a eso?


El origen de esta situación tiene que ver con el euro. Una vez implantado y conectados los mercados financieros se obtenía financiación a raudales en los mercados internacionales y a tipos de interés muy bajos, puesto que todas las emisiones se hacían en una moneda común que no hacía distingos por países, pues ya no había que cubrir los riesgos de devaluación de las monedas de los países más débiles. Los tipos de interés de la deuda pública alemana y la deuda pública española eran parecidos. Esta situación duró hasta el estallido de la gran crisis financiera internacional que desató la quiebra del banco norteamericano de inversiones Lehman Brothers. Durante ese tiempo nadie cayó en que se estaban produciendo desequilibrios muy profundos en las relaciones económicas de los países euro, y por tanto que algunos de ellos estaban acumulando deudas insostenibles. Los más ilusos, que hubo muchos, llegaron a pensar que con el euro se había inventado algo maravilloso: se podía crecer y acumular déficits porque con la moneda común no había problemas de financiación.


Se había encontrado la lámpara de Aladino…


Todo cambió radicalmente con la crisis financiera. Los canales de financiación se cerraron, los mercados dejaron de operar, del clima de euforia financiera se pasó a otro tormentoso, y la situación de cada agente económico y de cada país pasó a examinarse con lupa. Las primas de riesgo de la deuda soberana de los países del euro empezaron a ensancharse, dependiendo de la solvencia que otorgaban los mercados a cada uno de ellos, y, por supuesto, los más endeudados se complicaron la existencia, ya que se les encareció crudamente la financiación. Todo es conocido, Grecia, Portugal, Irlanda…. España. Hay un momento en la vida de los deudores en que la deuda los devora. Por elevada y por costosa ya no pueden hacerle frente, y esto vale para familias, empresas, bancos, Estados y países. En mi opinión, nuestro país ya está devorado por la deuda, y por ello, no logro imaginarme que continuemos en el euro con normalidad. Fíjate bien que para hacer frente a la deuda externa, para pagarla poco a poco sería preciso que nuestro país tuviera un excedente de la balanza de pagos por cuenta corriente, y todavía tenemos un déficit a pesar del hundimiento de la economía y de los millones de parados acumulados.


Del mismo modo, el sector público para reducir su deuda necesitaría tener superávit, y ya se ve lo difícil que es reducir el déficit y el círculo vicioso en que se entra cuando los ajustes y recortes se imponen, pues se ahonda la recesión y disminuye la recaudación fiscal. Ahora, engañosamente, la política económica está dirigida a equilibrar las cuentas públicas, y hasta la saciedad nos cuentan que la reducción del déficit es condición necesaria para remontar la crisis y, como no, para empezar a crear empleo. Digo engañosamente, porque siendo verdad que hay problemas para financiar el déficit y que mientras exista se agrava el endeudamiento del sector público, las cantidades en que puede reducirse son insignificantes con respecto a la deuda acumulada. La disputa entre el gobierno de la Unión Europea por fijar el montante del déficit publico décimas arriba o abajo, que finalmente quedó en el 5,3% del PIB para este año, es ridícula pensando que el endeudamiento público equivale –más o menos, las cifras reales son un misterio– al PIB anual. Algo así como discutir de 10.000 euros cuando se debe 1 billón.


Tengo la impresión de que la gente sabe que estamos ante una crisis grave, pero que desconoce la magnitud de la tragedia.


Es evidente que se manipula a la opinión pública y que se aprovecha el problema marginal del déficit público para justificar la brutal política de recortes que se está llevando a cabo y que es inútil porque deja el problema de fondo intacto, si no agravado. Todo esto que cuento deja sin interés la pregunta de cuánto tendremos que aportar cada uno por la deuda. La crisis no es un cociente, con un numerador que, por lo demás, no sabríamos cuál es: ¿los pasivos exteriores?, ¿la deuda pública? Lo del “per cápita” en sociedades tan profundamente desiguales es una entelequia. La crisis es un clima, una situación, donde el sufrimiento personal alcanza una casuística tan enorme que no hay comparaciones posibles. Un parado pagará poca deuda. Un desahuciado es posible que se libre de la hipoteca, pero se ha quedado sin casa. Un inmigrante irregular no tendría que preocuparse del déficit público, pero puede morir en la calle sin asistencia. Más vale ver con este prisma la crisis que haciendo operaciones aritméticas cuyos resultados no dicen nada. Me dijiste antes eso de que al final las deudas hay que pagarlas. La deuda abre cuestiones cruciales en estos momentos, que seguro deseas que comentemos. Te avanzo: las deudas hay que pagarlas si se puede.



Pero no se puede, eso se desprende nítidamente de lo que acabas de decir. Adelante con esas cuestiones cruciales…


Veamos. La economía española no puede generar los recursos para hacer frente a su posición deudora exterior, ya te he indicado que sería necesario registrar superávit de la balanza de pagos. El Estado a duras penas corrige su déficit y cada vez le resulta más difícil encontrar financiación para taponar los muchos agujeros que debe cubrir para que el país no sea declarado en bancarrota (ahí está el caso de Bankia y los 23.000 millones, o más, para rescatarlo). Las emisiones de muchas comunidades autónomas están valoradas como bonos basura.



El sistema bancario está en quiebra. La calificación de las emisiones de los bonos y acciones de las empresas importantes se rebaja cada día. La morosidad crece y los desahucios también. Este es el cuadro actual, pero lejos de ser estático tiende a empeorar por la recesión y porque la desconfianza que suscita la economía española es completa, dentro y fuera del país. La prima de riesgo de la deuda pública crece incontenible y con ella todos los tipos de interés aplicados a las empresas y entidades españolas, que son las que soportan la mayor parte de la deuda externa. De los 2,3 billones que he citado, 2 billones corresponden al sector privado.


Con esta perspectiva, los defensores de permanecer en el euro, entre ellos la cúpula del gobierno –para Rajoy el euro es irreversible, para el ministro de Hacienda, Montoro, la solución es más euro y más Europa– buscan desesperados por Europa y ya también por Washington fondos para sostener la situación. Se muestran renuentes a utilizar la palabra rescate, pero en el fondo saben que cualquier aportación financiera significa estar intervenidos y someterse a las directrices que emanen de los prestamistas. De hecho, desde mayo de 2010 la política económica depende de las instituciones europeas y las presiones de los mercados, y todo indica que se acentuará en lo inmediato. Ser rescatados no es fácil por la enorme cantidad de euros que se requieren, pero haciendo de la necesidad virtud, es posible, con el argumento de que España es demasiado grande para dejarla caer, que transitoriamente se evite la catástrofe.


¿Transitoriamente?


Transitoriamente, porque la palabra “rescate” es engañosa, o más duro, falsa. Ahí está otra vez Grecia como caso pionero. Cuando “rescatan” a un país no lo salvan de su precariedad y angustia, sino que “le echan el guante”, lo maniatan, lo aprisionan y lo someten a todo tipo de humillaciones y barbaridades, incluida la de pasarle por encima y despreciar a las instituciones democráticas. Siempre amenazados, continuamente vigilados, los países rescatados se van hundiendo económica y socialmente en un abismo que no parece tener fondo. No tendrá que ser diferente en el caso de España y cabe añadir un matiz a esta degradación.


Lo mejor para nuestro país, para la inmensa mayoría de los ciudadanos, sería desvincularse del euro y recuperar soberanía e instrumentos de política económica. El país “rescatado” no se libera de sus deudas sino que aumentan y se hacen más onerosas. Por así decir, el “rescate” implica una agonía sin fin. La otra alternativa, la de desligarse del euro y recuperar muchos de los resortes con que ha contado la política económica históricamente para llevar a cabo las políticas necesarias que reclama la sociedad, conmocionará sin duda alguna al país.


Es muy difícil calibrar todas las consecuencias que desatará esa salida, pero frente al rescate, tras un período difícil, muy difícil y complejo si se quiere, no hay que engañarse, abre todas las oportunidades para recuperar y rehacer el país. Algún lector avispado preguntará inmediatamente: ¿y qué pasará con la deuda externa que además se elevará considerablemente en términos de nuestra nueva peseta tras la devaluación que tendrá lugar? Por mi parte, no puedo afirmar otra cosa que la salida del euro lleva aparejada inevitablemente el impago de la deuda, con los matices que puedan incorporarse. Palabras mayores, un grave problema, pero irresoluble de otra forma.


¿Y cuál crees que sería el impacto en la UE de una salida del euro por parte de España? ¿La seguirían otros países? ¿Podría significar el fin del euro?


Sin duda muy importante por el peso económico y financiero de nuestro país. Las fichas del dominó no son todas iguales, y tras Grecia, Portugal e Irlanda la caída de España, bien en la versión rescate o bien con la salida del euro, conmovería los cimientos de la unión monetaria, tanto más cuanto que se sabe que cuando se resuelva nuestro caso espera el de Italia. El disparatado proyecto del euro aún dará muchos quebraderos de cabeza a los dirigentes europeos. Acabo de leer una entrevista con Jacques Sapir, un reconocido crítico de la unión monetaria y un abanderado de la “ desglobalización”, cuyas palabras a una pregunta sobre si la crisis financiera de la UE podría afectar a Francia se pueden compartir y son las siguientes (resumo): “La crisis financiera ya ha contaminado a Francia. La prima de riesgo con Alemania alcanza ahora más del 1,3% o 130 puntos básicos. Es una diferencia idéntica, e incluso superior, a la que existía antes de crear la zona euro. De hecho, la única ventaja del euro –poder pedir prestado a tipos globalmente equivalentes a los alemanes– ha desaparecido.


La cadena de contaminación de la crisis es muy conocida. La situación de Grecia ejerce una influencia directa sobre Portugal. Una degradación de la situación portuguesa tiene consecuencias nefastas para España, y eso entraña la degradación de la situación financiera de Italia. Sin embargo, las situaciones en esos países son muy diferentes y esas diferencias hacen que, estructuralmente, no debería haber contaminación porque los problemas de los países son distintos, incluso aunque tengan el mismo origen: el euro. El euro ha sido el causante de que España se haya desindustrializado y especializado en los servicios y la construcción; y de que Italia padezca un tipo de cambio sobrevalorado. Los tipos de interés son importantes en España y cruciales para Italia. Por eso los mercados financieros reaccionan, pasan de esas diferencias y surge la cadena de contaminación”. Sapir concluye: “Está claro que cuando España e Italia tomen dinero prestado por encima del 6%, habrá llegado el momento de cuestionar a Francia. Todos saben, aunque ahora no se diga, que si España e Italia se vieran forzadas a salir de la zona euro, Francia tampoco podría permanecer en ella”. Creo que tu pregunta queda así contestada. Se pueden hacer muchas hipótesis sobre cómo discurrirán los acontecimientos, pero quizá lo único cierto es que nadie ni ningún país está en condiciones de controlarlos y que con la tormenta desatada la zona euro no sobrevivirá con la configuración actual, pudiendo llegar a desaparecer.


La desaparición del euro o una eurozona en la que hubiera sido podado el sur, ¿qué efectos produciría en el dólar y la economía estadounidense?


Entramos en un terreno más especulativo y me muevo con una regla que sería: cuanto mejor le vaya al euro o a las monedas más fuertes que lo conforman peor le irá al dólar americano. No es algo surgido de ninguna ley mecánica sino de la interpretación de que el capitalismo está sufriendo un desequilibrio económico-financiero mundial que se resolverá por un reequilibrio que tendrá consecuencias geopolíticas. Por otra parte, los Estados Unidos en particular, debido a las enormes emisiones de deuda pública financiadas por la Reserva Federal para hacer frente a la crisis terrible que abrió la quiebra de Lehman en las finanzas y la industria del país, ha alimentado una burbuja de sus bonos que en algún momento tendrá que explotar.


Por decirlo de otra manera, hay pendiente una crisis del dólar cuyo estallido puede sobrevenir por diversos motivos, uno de los cuales desde luego es cómo se resuelva la crisis del euro. Estados Unidos es de lejos el primer país deudor exterior neto del mundo–el segundo, por cierto, es España–, y cuando se tienen unos pasivos brutos que superan los 18 billones de dólares es para estar intranquilos, ellos como país y el resto del mundo por los contagios posibles.


Siempre amenazados, continuamente vigilados, los países rescatados se van hundiendo económica y socialmente en un abismo que no parece tener fondo

Los principales acreedores exteriores netos del mundo son Japón, China y Alemania, un país este que, por su fuerza económica, puede tener veleidades de todo tipo y no es descartable que el euro suponga una rémora para sus planes, si bien, como especulamos, habrá quien sostenga que es el primer país interesado en mantener el euro como una moneda débil que facilita sus exportaciones y el excedente de su balanza comercial. Digo para concluir: había una carrera entre el euro y el dólar para ver a qué moneda le llegaba antes la crisis y los europeos nos hemos adelantado. Algunos malpensados incluso opinan que los norteamericanos azuzan la crisis del euro –hasta se cita al profesor Krugman por sus análisis críticos sobre la unión monetaria– para entretener a los mercados.

Volvamos a las consecuencias de permanecer en el euro. Los eurobonos, la unión bancaria, la cesión de más soberanía, un cambio en la política del BCE, el diseño europeo de políticas de crecimiento, el rescate bancario… ¿todo eso sería suficiente para que la crisis que atraviesa España se resolviese a medio plazo?


Me reafirmo en mi opinión. Creo que lo mejor para nuestro país, para la inmensa mayoría de los ciudadanos, sería desvincularse del euro y recuperar soberanía e instrumentos de política económica. Confío además en que esto sucederá inevitablemente y sería muy conveniente que Izquierda Unida y los sindicatos mayoritarios adoptaran como estrategia esa alternativa. La sociedad tiene mucho miedo, la opinión pública está muy manipulada, al punto de que, a pesar de los grandes sufrimientos que ya padecemos y las amenazas que se ciernen en el horizonte, todavía se siente pánico ante la idea de abandonar, no Europa, sino la unión monetaria. Pasa aquí y está pasando en Grecia.


Con todo, las encuestas hablan ya de casi un tercio de la población que culpa al euro de la crisis y quisieran desvincularse de él. Nadie representa políticamente a esa significativa minoría que podría ampliarse con facilidad con una buena explicación de lo sucedido y si se trabajase con seriedad en esa alternativa. Todos estamos opinando de la crisis europea cuando, en las circunstancias actuales, sería conveniente y legítimo dedicarse a pensar, aunque fuese como hipótesis improbable, en el escenario de no permanecer en el euro. Quiero añadir que el tiempo es un dato de la situación que hay que tomar en cuenta. Cuanto más se prolongue la caída en esta fase destructiva del tejido productivo, de la desaparición de empresas, de ruina económica, de acumulación de paro –un terrible problema en todos los órdenes– y de degradación social, será mucho más difícil y complicado recuperar al país y rehacerlo desde todos los puntos de vista. Ahora bien, como verás, esta es una versión española, considerando lo más deseable para nuestro país y nuestras gentes. Pero cabe preguntarse qué piensa Europa de la crisis del euro, de los peligros que entraña España y de lo que convendría hacer. Hay mucho ruido, propuestas, ocurrencias, disputas y controversias, lo cual prueba que hay también mucha desesperación y pocas ideas claras.


Querámoslo o no, la unión monetaria la conforman un conglomerado de países, con fuerza distinta, intereses contrapuestos, situaciones económicas, sociales y políticas muy diferentes y todos, en general, con problemas serios, cuyas sociedades reclaman a sus gobiernos soluciones que respeten en lo fundamental los intereses nacionales.Añádase que hay reglas, compromisos, pactos y casi una constitución para comprender que no todo es posible y que algunos cambios que se reclaman contradicen la esencia del proyecto de Maastricht, que es una unión monetaria sin fiscalidad común.La aparición de Hollande ha acentuado los contrastes existentes y la división potencial entre Francia Alemania, si bien podemos estar de acuerdo en que la quiebra del euro sería un gran fracaso de la burguesía “europea” que lleva apostando por este proyecto de Europa más de 30 años.


De modo que el fiasco es inevitable…


Sí. El fracaso abre una variante especulativa en la que no entro, pero coge a Europa en una débil posición ante los cambios mundiales que se están produciendo. Supongamos, pues, que se quiere lograr con los medios disponibles el “rescate” de nuestro país, más allá del actual rescate bancario. Eso significa que los países fuertes están dispuestos a pagar los costes de “salvarnos” en estos momentos.


Eso de la austeridad y el crecimiento es otra ocurrencia, un engañabobos: es imposible, con los brutales ajustes y recortes decretados y los que se bajaran para que nos “rescate” la UE, pensar en el crecimiento. Todo lo contrario: las cifras de paro seguirán incrementándose de modo pavoroso durante tiempo

Con los eurobonos, para Alemania, el país en mejor posición, se encarecerían sus emisiones actuales de deuda pública, cosa por la que no sienten ninguna pasión. ¿Y cómo se distribuyen los fondos obtenidos con los eurobonos? ¿Cuánto para España, cuánto para Portugal, cuánto para Francia? ¿Y por qué? ¿Más para España dado que su déficit público es mayor porque los españoles como media pagan muchos menos impuestos que los franceses y los alemanes? Y si el BCE ofrece liquidez generosamente al estilo de la Reserva Federal, aunque sea contradiciendo los fundamentos del Tratado de Maastricht y pasando por encima de la voluntad de Alemania, de nuevo: ¿qué criterios se siguen o que límites para cada país, teniendo en cuenta que los más incumplidores fiscalmente son los que más necesitan o que la banca española alimentó una burbuja inmobiliaria disparatada que enriqueció a muchos, entre otros a los propios bancos? No sigo, esto es una entrevista y no un libro.

Escuetamente ya te diré que no se en qué consiste la “unidad bancaria” y algo fundamental: bien, se superan estos momentos de tensión extrema en España, se la rescata, pero el problema de su enorme deuda como país permanece intacto, y la deuda pública irá creciendo en la parte asignada de los eurobonos o monetizada por el BCE. Como ves, todo muy sencillo, rápido y sin contraindicaciones. Para terminar: eso de la austeridad y el crecimiento es otra ocurrencia, un engañabobos: es imposible, con los brutales ajustes y recortes decretados y los que se bajaran para que nos “rescate” la UE, pensar en el crecimiento. Todo lo contrario: las cifras de paro seguirán incrementándose de modo pavoroso durante tiempo.


La idea de salir del euro, sin embargo, provoca el pánico tanto entre la clase dirigente como en la inmensa mayoría de la población. ¿Cómo tendría que hacerse, cuáles serían los pasos?


Sí, es verdad, pero le da mucho más miedo a la clase dirigente que a los ciudadanos, como he comentado al referirme a las encuestas. Y esto por varios motivos: tanto el PSOE como el PP hicieron y siguen haciendo del tema de Europa la espina dorsal de su política, sin valorar nunca su significado y sus consecuencias, cuando estaba claro que Maastricht era la clave de bóveda de un modelo neoliberal extremo de la construcción europea. Competitividad sin límite y, al mismo tiempo, sin tipo de cambio para afrontar las diferencias entre países, luego condiciones inmejorables para recortar salarios, precarizar el mercado laboral, imponer reformas fiscales regresivas, privatizar, desmontar el estado del bienestar…. Mientras el PP se sentía en su medio natural, se entiende menos que el PSOE haya acabado abrazado a la unión monetaria con la misma pasión, y de ahí la crisis ideológica de la socialdemocracia y el ridículo que ha acabado haciendo entre los votantes.


Las capas dirigentes no son propicias a reconocer errores y menos a desaparecer cuando se equivocan tan radicalmente. Otro motivo está implícito en lo que acabo de comentar: ¡que maravilla de proyecto! Una década imponiendo políticas regresivas en lo económico y lo social para cumplir las condiciones de convergencia y poder formar parte de la zona euro desde el principio, luego la necesidad imperiosa de practicar recortes para no perder competitividad y ya con la crisis el sueño hecho realidad, con el PP a por todas librando una guerra económica contra los trabajadores y las capas sociales más desfavorecidas con ribetes fascistas.


Y todo el mundo callando…


Sorprende, desde luego, el silencio cómplice que han mantenido muchos expertos y analistas ante lo que ha ocurrido, así como el pánico que se ha instalado en la sociedad. Hay una cobardía manifiesta, como si no se quisiera afrontar la realidad y se prefiriese descender a los infiernos antes que pararse y ver si hay otra alternativa. Todos los que componen el orden establecido –las tertulias son un buen exponente– hablan de la necesidad inevitable de los ajustes y la reducción del déficit público como si fueran obligaciones impuestas por la naturaleza, como si el mundo acabase donde ellos alcanzan a ver, cuando sólo basta mirar un poco y comprender que cabe otra opción que consiste en volver a la situación previa al euro tal como la conocíamos hace sólo 14 años.


No es la vuelta a la edad media ni a la autarquía. Puedo reconocer que los cambios producidos complican esa vuelta, pero no al punto de que la sociedad se condene a un período indefinido de sacrificios y desolación por no querer rectificar unos pasos en falso. La complejidad técnica de ello es innegable, pero del mismo modo que las dificultades técnicas no impidieron adoptar el euro tampoco ahora podrían impedir implantar la peseta. La nueva moneda tendría que sufrir una significativa devaluación y el Banco de España podría recuperar su prestigio perdido volviendo a sus viejas tareas de emitir y distribuir la moneda nacional. Si tiene suerte Grecia, siempre podrá servirnos de modelo.


A pasar del euro a la peseta, las deudas en euros crecerían por efecto de la devaluación.


Sí, la montaña de la deuda ahí está y veo dos problemas fundamentales.Uno es si se podrá hacer frente a la deuda externa que tiene fundamentalmente el sector privado de la economía–aunque también hay unos 300.000 millones de euros de deuda pública en manos de extranjeros–, sobre todo después de elevarse su cuantía con la devaluación indicada de la peseta. Los euros que se deben valdrán más pesetas. No será posible, y aquí, en una economía de mercado, cada acreedor y deudor tendrá que correr con las consecuencias de sus decisiones en el pasado. Habrá mucha agitación en los mercados, desconfianza generalizada en el país y sin duda muchos impagos, razón por la cual se piensa que a nuestro país no se le dejará caer.


El otro es el volumen alcanzado por la deuda pública, cuyo gran crecimiento es reciente, a raíz de la crisis financiera internacional y la depresión económica que se produjo. Creo que no sería impensable y sí conveniente pedir una quita para aliviar la enorme presión que sufren las cuentas publicas. Esto es un aspecto negativo, pero hay que ponderar que son daños colaterales de una operación, la salida del euro, provocada por las consecuencias desastrosas acumuladas desde la entrada.


¿Eso sería todo?


En el nuevo contexto serán necesarias también otras medidas, como el control de los movimientos de capitales, una regulación financiera más rigurosa y cierto grado de proteccionismo selectivo. Aparte, claro, si las condiciones políticas lo permiten por una mayor fuerza de la izquierda, todo un conjunto de medidas económicas y sociales avanzadas e incluidas en los numerosos programas elaborados para “una salida progresista de la crisis”, que ahora no tienen ningún sentido, como una reforma fiscal, una mejora de las pensiones, una prolongación de la protección al paro, liquidez para las empresas, etc. El panorama económico y político sería muy diferente al círculo que vemos desde el fondo del hoyo.


La decisión de salir del euro necesita mucho coraje por parte de la clase política que maneja el poder. Sinceramente, no veo quién sería capaz de tomar esa decisión. Para ello haría falta esa figura que antes se designaba como “hombre de estado”, y esa es una especie en extinción. Más bien pienso que aquí veremos cómo se aplica la táctica del avestruz. De modo que lo que nos aguarda, creo, es más llanto y crujir de dientes. ¿Por qué crees que la izquierda que está a la izquierda del PSOE no toca el tema a fondo?


Desde luego, hay que ser muy imaginativo para ver en Zapatero o Rajoy hombres de Estado. El primero ya dio su talla en mayo de 2010, sin contar otras muchas pruebas. Rajoy ha tardado menos en demostrar la suya. Son oportunistas descarados, dispuestos a todo con el rasgo común de ser fuertes con los débiles y mansos con los poderes económicos. Nadie querrá coger el toro por los cuernos, pero fíjate ya que ante el tema del rescate desde las filas del PP se ha mantenido una gran ambigüedad, y declaraciones abiertamente contrapuestas sobre si sería necesario o conveniente ser rescatados. Incluso, algún miembro llegó a decir que ser rescatados no sería el apocalipsis, preparando el terreno para lo que podría ocurrir. Pero lo más importante, creo, es lo siguiente: los hechos, en este caso la cifras, son tan tozudos y la situación es tan insostenible que, con independencia del deseo de los políticos, la cuestión del euro está ya planteada en la sociedad.


El tema lo he seguido muy de cerca y hace un año nadie planteaba en los medios de comunicación la alternativa de abandonar la zona euro. Ahora ya se debate, si no abiertamente, sí con profusión y cada vez con más frecuencia el asunto. Y tengo que añadir que algunos economistas han cambiado de opinión.En lo referente a la izquierda, IU, los sindicatos mayoritarios y otras fuerzas más a la izquierda, lo mínimo que se puede concluir es que no han estado a la altura de las circunstancias. Considerada la evolución del paro, la degradación de los servicios públicos, el cercenamiento de los derechos sociales, y la osadía con que el PP se comporta y amenaza los intereses de las clases populares, la izquierda ha sido derrotada. Ello sin tomar en cuenta datos políticos como la corrupción, la impunidad, la monarquía, la degradación de las instituciones, la represión y el declive moral genérico del país. Esa derrota tiene muchas causas, como todos sabemos, pero parece imprescindible resaltar en el tema que tratamos el debilitamiento ideológico que han sufrido los dirigentes y las fuerzas organizadas de la izquierda.


¿Debilitamiento ideológico?


Se plegaron a la opinión general dominante, no quisieron valorar correctamente las implicaciones económicas que tenía ni el modelo social que surgía de Maastricht, miraron para otro lado o no se enteraron de lo que se nos venía encima y, en líneas generales, permanecen contumaces en el error esperando ilusamente que la crisis pase. Lo que corresponde, me parece, ante los conflictos sociales que se avecinan, es agrupar a las fuerzas de la izquierda y los movimientos sociales en un frente unitario que por lo menos se comprometa a luchar contra las interminables agresiones que prepara la UE y el gobierno del PP. Mi confianza es que la lucha y la necesidad de ofrecer una alternativa acaben por hacer evidente que romper con la unión monetaria es inevitable. Estamos en la barbarie.


En la versión de Walter Benjamin, la misión de las revoluciones no es impulsar el progreso hacia un futuro imaginado, sino aplicar los frenos y desacelerar la marcha hacia nuevos desastres. Con sus palabras: “Para Marx las revoluciones son las locomotoras de la historia. Pero tal vez las cosas sean diferentes. Tal vez las revoluciones sean la forma en que la humanidad, que viaja en ese tren, tira del freno de emergencia”. Podríamos darles un homenaje a ambos tratando de impedir que nuestro país se hunda crónicamente en la desolación y la miseria por mantenerse en un proyecto tan contrahecho, disparatado y destructivo, emanado de las clases dominantes para mejor explotar a los oprimidos.



*Entrevista publicada en “El Viejo Topo”



Pedro Montes: Salir del euro, la mejor opción


Sobre Pedro Montes
Pedro Montes Fernández es, sin duda alguna, el economista español que denunció primero y con más perseverancia hasta le fecha la grave crisis financiera con el euro como fondo de la explicación y no dudó nunca en pedir la salida de España de la zona euro.

Nacido en Granada en 1945, Pedro Montes posee una sólida formación y curriculum como economista. Se licenció en 1968 en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid con la calificación de premio extraordinario y, al año siguiente de su licenciatura, ingresó por oposición en el cuerpo de titulados del Servicio de Estudios del Banco de España, en el que permaneció hasta 2002. En el Banco de España, desarrolló investigaciones econométricas relacionadas con el sector exterior, fue durante seis años responsable del área de coyuntura y análisis económico y, posteriormente, del área de Sector Público. Además, sus últimos años en el Banco central español estuvieron centrados en el estudio de los problemas de las relaciones de España con la Comunidad Europea y al proyecto de integración monetaria de la UE.


Representó al Banco de España en numerosas reuniones de Comités de la OCDE, en París, y del BIS, el “Bank for International Settlements” o “Banco de Pagos Internacionales”, banco central de bancos centrales, con sede en la ciudad suiza de Basilea. Asimismo, asistió en 1971 en Washington a un curso sobre metodología de la Balanza de Pagos, impartido por el Fondo Monetario Internacional (FMI).


Durante algunos años combinó su trabajo en el Banco de España con la docencia universitaria, primero, en el curso 1969-1970, como profesor ayudante de la cátedra de Teoría Económica de la Universidad Complutense de Madrid y, después, en los cursos 70-71 y 71-72, como profesor encargado de la misma asignatura en la Universidad Autónoma de la capital.


Desde su juventud, Pedro Montes mantiene un activo compromiso con la izquierda, militando tanto en formaciones políticas como sindicales. Afiliado desde los comienzos de CC.OO a esta central sindical, perteneció a la Ejecutiva de la Federación de Banca y fue promotor del “sector crítico” de dicho sindicato.

Asimismo, desde 1991, perteneció al Consejo Político Federal de Izquierda Unida y, desde 2002 hasta 2008, fue miembro de la Presidencia Federal de dicha coalición política. En la actualidad, es presidente de la asociación “Socialismo 21”.

Es autor de varios libros, como “La integración en Europa: del Plan de Estabilización a Maastrich” (1993), “El desorden neoliberal” (1999), “La historia inacabada del euro” (2001), todos ellos en Editorial Trotta, así como de “Golpe de estado al bienestar. Crisis en medio de la abundancia” (1996) (Icaria). Al mismo tiempo, es coautor de otras obras, entre ellas “La larga noche neoliberal”, “La izquierda y Europa”, “La reestructuración del capitalismo español” y del epílogo de la última edición francesa de “El capitalismo tardío”, del economista belga Ernest Mandel, uno de los teóricos marxistas de más peso en el siglo XX, al que se deben, entre otras obras, su “Tratado de economía marxista”.


Su firma forma parte desde hace muchos años de publicaciones especializadas en cuestiones económicas y en otras de información general y, durante veinte años, escribió la sección de “Información económica” de “Moneda y Crédito”.